Ética, política, y otros asuntos más o menos relacionados

DESTACADAS, Ética

 José Manuel López

 

En éste país hacía mucha falta un proyecto editorial como éste, especializado en ética política; y es que cuando algo hace falta, es precisamente por eso, porque falta. Además, si algo hace mucha falta, es porque falta mucho de ese algo. Puede parecer una perogrullada, y de hecho a mucha gente así se lo resultará, pero a pesar de todo y por sorprendente que pueda parecer, hay ocasiones en las que es necesario hacer redundante lo evidente para que algunos así lo reconozcan.

En realidad, en España, y por lo que a política se refiere, nos falta casi de todo lo nuevo y nos sobra mucho de lo viejo. Nos sobra autoritarismo, hipocresía, intolerancia, egoísmo, cerrazón, inmovilismo, corrupción, abuso de poder, cortedad de miras, nepotismo, insolidaridad, falsedad, esnobismo, rechazo y miedo al cambio y a lo diferente, odio, prevaricación, malversación y otras lindezas por el estilo, que el lector podrá añadir sin mucha dificultad a la lista. En éstos vicios, propios de la antigua forma de hacer política, nuestros cargos públicos y no tan públicos, son auténticos expertos; pero todo tiene su explicación.

Esta piel de toro nuestra, lleva siglos siendo picada, banderilleada y estoqueada por los gobiernos de los monarcas absolutistas que han campado a sus anchas por ella a lo largo de casi toda nuestra historia, que por algo todavía llamamos fiesta nacional al hecho de meter unas personas en un ruedo frente a un animal, para divertirnos con el morbo de ver quien mata antes a quien, aunque eso sí, siempre con mucho arte, que de eso también vamos sobraos.

En nuestra epigenética tenemos grabado a sangre y fuego, y nunca mejor dicho, siglos de monarquías absolutistas, que tan sólo en los últimos años de nuestra historia nos han dado a los españoles unas escasas y breves oportunidades de comprobar cómo sin necesidad de rey, se puede vivir bajo el mismo, sino peor yugo autoritario, que el de una monarquía, cuando al monarca no le ha quedado más remedio que dejarle el sitio libre a un dictador. Algo es algo, porque al menos, los pocos dictadores que en España han sido y que se han declarado honestamente como tales, procedían más o menos del mismo pueblo llano que todos nosotros.

De lo que anda muchísimo más escasa nuestra historia, es de democracia, por lo que no es de extrañar que aún no hayamos aprendido a manejarnos con ella. Todavía son bastantes los que entienden que eso de la democracia consiste en apañárselas como sea para que la gente te vote, a ti o al partido que te ha incluido en sus listas, y una vez conseguido llegar al poder, excusarse en eso de haber sido elegido, que no impuesto, para seguir haciendo más de lo mismo, todo esto sin entrar a discutir eso de haber sido elegido, cuando lo que se vota son listas cerradas. Y si los votos obtenidos no te proporcionan mayoría absolutista, siempre cabe la opción de negociar con algún o algunos otros colegas corruptos, sea cual sea el color del que digan ser los coleguillas, y sumar así los votos suficientes para seguir sirviéndose de los demás, en lugar de ponerse a su servicio, que es lo que dice la teoría que debería ser la ocupación principal de cualquier gobierno.

Menos mal que una de las muchas cosas buenas que tiene este mundo es que nada es eterno, siendo el cambio algo intrínseco a su naturaleza, como lo demuestra el desarrollo y evolución de cualquier estructura en la que fijemos la atención, si tomamos la distancia suficiente. El diseño de éste mundo hace que resistirse al cambio, como mucho, pueda conseguir retrasarlo y dificultarlo, pero nunca evitarlo. Esto de la evolución es válido no solo para las especies, sino también para todo lo demás, como el clima, por ejemplo, por más que le pese al nuevo regidor de ese imperio de occidente, ya en decadencia, al que aún estamos sometidos, y que tanto gusta de los flequillos ortopédicos; y por supuesto también lo es para la sociedad y sus estructuras políticas. Aún son demasiados los integrantes de estas últimas, que muestran una desesperada y activa resistencia al cambio, y por ende al progreso, quizás por la equivocada creencia en que tienen mucho que perder, cuando en realidad es justo lo contrario, aunque ellos no lo entiendan todavía.

Digo que puede que así lo crean, porque desde su egoísmo materialista, junto con un paupérrimo desarrollo de la capacidad para ver más allá de las propias narices, al comparar la opulencia material y el enaltecimiento del ego y la vanidad que pueden encontrar en la práctica política a la vieja usanza quienes se sirven del poder, con la parquedad y anonimato en el que suelen desenvolverse la mayoría del resto de sus conciudadanos, de los que, por cierto, deberían ser sus servidores, quizás teman y se resistan a la inevitable pérdida de unos privilegios que son temporales por definición, conseguidos gracias a la práctica de vicios que tienen su origen en el íntimo convencimiento de que hay seres humanos mejores y peores, no ya en sus habilidades, cosa que es evidente, sino también en su propia naturaleza, cosa esta última que es harina del mismo costal.

Convencimientos como este llevaron a muchas personas a la esclavitud; a los nazis al genocidio del pueblo judío, y a los turcos al del kurdo; al último dictador honesto como tal que padecimos, a fusilar a destajo rojos y masones, o en nuestros días, a los musulmanes radicales a cargarse sin miramientos cuantos más infieles mejor, y todo ello sin remordimiento alguno. Esto solo puede hacerse si estás convencido de que la religión, la ideología, la raza, la cultura, el color de la piel, o cualquier otra diferencia, hacen a ciertas personas de una pasta mejor que otras.

Es precisamente la misma historia la que nos muestra que han sido las sociedades que han entendido y practicado la igualdad y la hermandad entre sus ciudadanos, las que han dado los grandes empujones al progreso de la humanidad. Es el mismo progreso y la distancia, lo que nos permite hoy encontrar grandes deficiencias y contradicciones en ellas, pero no creo que haya mucha gente dispuesta discutir que los griegos, inventores de una democracia entonces recién nacida y que aún practicaba la esclavitud, así como sus herederos culturales los romanos, para quienes todavía los habitantes del resto del mundo eran considerados bárbaros a los que podía matarse, esclavizar y maltratar sin remordimiento alguno, mientras no hubiesen sido dotados de la categoría de ciudadanos, es decir, de iguales, fueron sociedades donde la cultura conoció un progreso y desarrollo meteóricos, en comparación con otras en las que los sentimientos de hermandad e igualdad entre las personas brillaban por su ausencia, incluso entre los miembros de las mismas familias, y he aquí otra de las claves.

Normalmente, aún cuando es sabido que toda generalización es falsa por definición, es en la familia donde el niño tiene sus primeras experiencias amorosas, por lo que depende mucho de la calidad del amor recibido, lo que el niño aprenda que tal palabra significa. Hay familias donde lo que se enseña es amor por la violencia, el dinero, los placeres carnales y terrenales, la posición social, o la discriminación racial, cultural, religiosa o ideológica, por poner solo algunos ejemplos. Nada que tenga que ver con el Amor con mayúsculas, ese cuya primera y única condición necesaria para ser reconocido como tal es la de ser incondicional.

Estos niños se harán mayores, y si nadie les enseña el auténtico significado del verbo amar, seguirán pasando la misma pelota de generación en generación. Luego vendrán las quejas por eso de que de aquellos polvos, estos lodos; más si, de mayores, se integran en una sociedad en la que los que se supone que se deberían dedicar al servicio público, lo han pervertido, dedicándose al suyo propio y el de sus coleguillas, a costa de todos los demás. Por fortuna, cada vez son más los defensores de la ética y menos los inmorales. Estos últimos aún se niegan a aceptar que su extinción está muy próxima, motivo por el cual andan tan revueltos que están quemando sus últimos cartuchos. Hay incluso quien piensa que los están quemando matándose entre ellos. Son demasiados los casos de personas bajo sospecha, cuando no certeza, de estar pringados hasta las cejas de corrupción, muertas en extrañas circunstancias. Sea como fuere, que descansen en paz, que es posible que esto a ellos también les haga mucha falta.