Constitucionalismos

DESTACADAS, Política

Rafael Sanmartín

— El imperialismo sandunguero-españolista se acaba de rebautizar; se ve que hay que estar al día. Ahora, quienes cuelgan banderas para reafirmar al Gobierno frente al catalanismo, quienes acuden desde todas latitudes estatales a reclamar “unidad” -después de despreciar a Cataluña-, se auto definen “constitucionalistas”. ¡Qué casualidad! Los mismos que menosprecian Andalucía; los que se llevan nuestro dinero y nuestras empresas, porque sólo nos quieren como reserva de mano de obra. Olvidan, o ignoran que es peor, que la Constitución defiende el derecho a la libre circulación, el de huelga, el de reunión, también el de oponerse a los malos tratos y el de denunciarlos por todos los medios al alcance. Ignoran, o prefieren olvidarlo, que la Constitución incluye el derecho a ser respetados, a percibir un salario que permita vivir, a habitar una vivienda digna, sin que ninguno de esos autonombrados “constitucionalistas”, abra el pico para recriminar al Gobierno la conversión del ciudadano en trashumante, por mor de su alucinante y falsaria “ley de flexibilización del alquiler”. Entre otras.

Mariano la ha liao. Ha resucitado las dos Españas denunciadas por Machado y las ha fortalecido. Y esa parte mayoritaria de la prensa que teme perder las simpatías del poder y de quienes tienen poder sobre el poder, les sigue el juego desde la construcción de un lenguaje a la medida, sin preocuparles mínimamente el ridículo, ni su necesaria y responsable colaboración en la construcción de un Estado “ejemplar”: ejemplo de todo cuanto no se debe hacer en democracia. Estos auto definidos “constitucionalistas”, sacan punta al artículo 1.2 y piden la aplicación del inconcreto 155, pero dan de lado todo lo demás. Por ejemplo, el derecho a decidir, a decir qué y cómo cada cual quiere que sea su Patria, en qué clase de País o de Estado quiere vivir. Y lo esconden tras una débil pátina, patinazo cierto, de “respetar la legalidad”; una “legalidad” restringida a la voluntad del Gobierno “su” policía y “sus” jueces. En cambio ninguno de esos “constitucionalistas” recuerda al Gobierno su obligación de respetarla; ni le recrimina por puentear a la Constitución y a otras leyes, cuando se sacan de la mayoría parlamentaria, leyes especiales para no tener que cumplir las generales, las hechas para todos.

Seguramente, con un referéndum no combatido por el Gobierno y su prensa adicta, el ejemplo también habría fructificado en otros lugares. Pero ha calado con mucha más fuerza, fuerza que bávaros, corsos, occitanos, valones, vascos y otros, deben agradecer a la torpe tozudez de un gallego empecinado, no querido en Galicia, a quien tocó heredar al tercer elemento de las Azores, todavía no azorado por los crímenes perpetrados en Irak, ni por los reflejados en el espíritu franquista de la fundación que preside.

Esa prensa antediluviana y filo-franquista, aliada del poder, y sus seguidores, critican la dificultad para contar votos, como un defecto del propio referéndum, al tiempo que aplauden el secuestro de urnas y de los sistemas informáticos, y el tratamiento inhumano, de corte criminal, dado a quienes esperaban en la calle para ejercer su derecho a votar, negado precisamente por ese Gobierno y sus servidores. El “golpe” del siglo en que, a mayor abundamiento, los golpistas llaman golpistas a quienes reclaman un derecho. Por su parte, a la policía le molesta que el Delegado del Gobierno pida disculpas por la brutalidad de su actuación. No se dan cuenta, cegados por la soberbia, que sólo están reclamando un supuesto “derecho” a maltratar a una multitud pacífica. Alemania, al menos, pidió perdón por los crímenes nazis. Aquí nadie –salvo el criticado Delegado-, ha pedido disculpas por eso, ni mucho menos por el prolongado genocidio andaluz. Hijos putativos de esa política imperial-franquista, Guardia Civil y Policía, parecen añorar su inmunidad de entonces. Los maltratados querían decidir; decidir sobre sí mismos. Y, si pierden sus empresas o si no pueden entrar en la UE, es su exclusivo problema. Sólo suyo. Parece que, de pronto, después de años criticando a los catalanes, el españolismo sandunguero se ha vuelto “caritativo” y utiliza el presunto empobrecimiento contra el independentismo. ¿Rajoy va a seguir sacando las castañas del fuego a esos banqueros, a esos empresarios migrantes? ¡Ah, ya! ¿Existe, realmente, tanta “generosidad”, en quien lleva años vomitando repulsa hacia ese pueblo? ¿No querrán disimular su alegría con piel de amenaza, por el traslado de sus empresas?

Pues, paisanos andaluces, no se alegren. Los huidizos millonarios no vendrán a repoblar el desierto industrial previamente creado por ellos mismos y el Gobierno en que se protegen. Simple y llanamente, a bancos, eléctricas, aseguradoras o constructoras, les interesa Andalucía un comino, o poco menos, más que para seguir utilizándola de reserva de mano de obra barata, y para llevarse nuestro escaso dinero, como vienen haciendo hace siglos. Aquí, al revés, el sector hotelero –por ejemplo- sólo requiere “mayor conectividad con Madrid”. Debe ser para ingresar más cómodamente en la Hacienda de allí los beneficios aquí obtenidos; los millones ganados en esta tierra, dónde sólo aportan sueldos de miseria en contratos basura, facilitados por las leyes anti-despegue de Mariano y los suyos. El partido del Gobierno impide aumentar la prestación por hijos, no vaya a ser que los niños andaluces coman un poco mejor y sean capaces de defenderse, en el futuro. El Gobierno no tiene escrúpulos para prohibir la jornada de 35 horas (recuérdenlo, trabajadores andaluces. No sólo prohíbe referendos), pues mantener el sueldo con cinco horas menos a la semana, podría disminuir levemente el beneficio de eléctricas, bancos, telefónicas, constructoras, sus protegidos. Ya que hay poco trabajo ¿para qué repartirlo? Mejor concentrarlo, y que esos escasos puestos les toquen a los suyos, o siquiera a los de las banderas. Se equivocan. Se equivocan o mienten. Más bien. Esto no es liberalismo. El liberalismo ya hace tiempo que cedió ante el brutal capitalismo monopolista. Llamar liberalismo a esto, por muy profesor de economía que se pueda ser, es una simple mentira, una traición a la razón, a Andalucía, a Cataluña, a España y a la Humanidad.

Catalanes independentistas: nos hemos equivocado. Sintiéndolo mucho, nos hemos equivocado. Ambos. La independencia urgente más que la vuestra, es la de Andalucía. Estaréis de acuerdo ¿verdad?

 

Deja un comentario