El caso Lincoln o los errores de Podemos que pagará toda la izquierda

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   Chusé Inazio Felices // Miembro del Comité Nacional de Chunta Aragonesista CHA 

 

Esperanzas sociales

Las elecciones de finales del 2015 dieron lugar a un frenesí de negociaciones políticas durante el primer semestre del 2016 que levantaron las esperanzas de que se produjera un cambio social en una ciudadanía harta de la crisis que había estallado años antes en 2008 y de las políticas de austeridad que venía aplicando el PP desde entonces con resultados catastróficos para la población más desfavorecida en forma de pobreza energética, afectados por los desahucios, precarización laboral, pérdida de derechos sociales, la reforma del sistema electoral y de la Justicia siempre pendiente, disminución de los servicios del Estado en educación y sanidad, grave ataque al sistema de pensiones, unido a los ataques a la libertad de expresión, la siempre pendiente reforma de la Constitución que reconociese la pluralidad del Estado Español, etc. Pero por encima de todo conseguir echar al PP del poder, era una sensación entre la gente de que las agotadoras movilizaciones callejeras de los meses anteriores que ya empezaran con la campaña a las elecciones europeas, iban a dar un fruto importante. En los primeros meses de 2016 se suscitó en gran parte de la población que había visto con buenos ojos el surgimiento del 15M, la esperanza de que su brazo político, Podemos, llevaría a cabo una decidida acción política para acabar con muchos de estos problemas o cuando menos iniciaría el camino para su solución.

 

Cálculo político

Sin embargo todas estas esperanzas se vieron frustradas durante estos seis primeros meses de 2016 conforme se vio que el líder de Podemos Pablo Iglesias, anteponía el Cálculo Político a la URGENCIA de la necesidad de los ciudadanos en solucionar los problemas antes mencionados. Para Pablo Iglesias, convencido de la posibilidad de que podía en una nueva cita electoral sobrepasar (sorpasso) al PSOE, sumido en una profunda crisis que había desembocado en la elección de Pedro Sánchez defendiendo una línea claramente diferente de las políticas acomodaticias que preconizaban las élites del PSOE, las esperanzas de la gente PODÍAN ESPERAR a que se convirtiera en el partido hegemónico de la oposición, sin darse cuenta de que para los ciudadanos la suma conjunta de PSOE+Podemos o de Podemos+PSOE no alteraría la situación global: la izquierda había perdido las elecciones y no tenía mayoría suficiente ni la iba a tener para imponer un cambio social radical. Había que negociar con otras fuerzas algunas de estas reformas aunque no todas se pudieran conseguir. Así lo expusieron algunos líderes de Podemos como Iñigo Errejón cuando en una conferencia de prensa en las Cortes como portavoz de Podemos dijo: Compañeros, no hemos ganado las elecciones y tenemos que negociar; e igualmente las fuerzas con las que había concurrido a las elecciones como Joan Baldoví de Compromís, con ruedas de prensa en uno y otro sentido a favor del acuerdo o anunciando su imposibilidad. Se referían al acuerdo que basado en las premisas antes expuestas, había alcanzado Pedro Sánchez con Ciudadanos para que fuera aceptado, primero por su partido, todavía dominado por los sectores más conservadores, y segundo por el conjunto de la sociedad no votante de Podemos y todavía renuente y con cierto temor a una nueva formación política de apariencia radical. En ese acuerdo Ciudadanos aceptó algunos aspectos de la agenda política reformista como echar al PP del poder, las medidas contra los afectados por las hipotecas, las reformas del sistema electoral y de la Justicia, etc. Solo aparecía una grave diferencia con ellos: no aceptaban la reforma del mercado laboral, defendiendo la suya propia. Pero como repetía Iñigo Errejon, compañeros NO hemos ganado las elecciones y a cambio de todo lo demás ganaban tiempo para un segundo asalto que les permitiera recuperar fuerzas para la siguiente cita electoral para llevar a cabo una reforma mucho más profunda del Estado para la que iban a necesitar algo más que una simple mayoría parlamentaria. Pero Pablo Iglesias tenía prisa y NO PODIA ESPERAR a unas futuras elecciones, él quería ser la fuerza hegemónica cuanto antes, sin darse cuenta de que la gente era la que no podía esperar y NECESITABA el cambio YA. Este era su cálculo político, legítimo, pero que no tenía en cuenta las necesidades urgentes de los ciudadanos. Esto se vio claramente en la rueda de prensa en la que Pablo Iglesias “se ofreció” como Vicepresidente a Pedro Sánchez… todo el mudo alcanzó a ver la ambición del líder de Podemos.

Para empeorar la situación Pablo Iglesias adoptó una actitud durísima con Pedro Sánchez en el debate de investidura y con los defensores de la negociación tanto dentro de su partido como fuera en la coalición con la que habían concurrido a las elecciones. Cuando lo quiso arreglar cambiando el tono por uno más amable, solo consiguió perder credibilidad entre los electores, aunque siga siendo idolatrado dentro de su partido. Por algo en el PSOE Felipe Gonzalez y Alfonso Guerra se repartían esos papeles que Iglesias ha querido hacer él sólo.

En este momento quiero subrayar que los temores de una parte del electorado conservador que sigue votando mayoritariamente al PP aunque no está de acuerdo con los repetidos escándalos de corrupción, hacen necesario para una amplia reforma del Estado, sino su apoyo, como el de los que se han pasado a Ciudadanos, al menos que no se opongan. Esto es lo que pasó cuando amplios sectores conservadores se abstuvieron hartos de la sucesión de escándalos de corrupción. Era una oportunidad histórica de empezar algunas reformas mínimas pero que unido a la salida del PP del poder habría podido representar el comienzo de algo realmente diferente. Mariano Rajoy plenamente consciente de esto, siempre se ha negado a realizar unas políticas más duras como las que le pedían los sectores más conservadores de su partido representados por J. M. Aznar, y no tuvo más que “asustar” a sus electores con la llegada de Podemos al poder, con el apoyo innegable de la dura actitud de Pablo Iglesias, para que estos votantes cabreados volvieran a votar al PP en junio de 2016… para sorpresa de algunos…

Lo que además debemos tener muy en cuenta es que este fracaso de Podemos y este miedo que ha provocado Pablo Iglesias en amplios sectores conservadores, que para ellos representa la izquierda sin matices lo pagaremos toda la izquierda en su conjunto que queremos cambiar el Estado en profundidad. Y desgraciadamente durará en el tiempo, hemos perdido una oportunidad histórica… por un cálculo político. El que prometió asaltar los cielos, no ha llegado ni a los bancos de la plaza…

 

Esperanzas independentistas

Hay un último factor que he querido dejar para el final por las gravísimas consecuencias que tuvo en su momento y peor aún tendrá en el futuro: su empeño más allá de toda lógica social de unos planteamientos éticos desde la izquierda, es su apoyo a los independentistas catalanes en su deseo de secesión y de llevar a cabo de cualquier forma y manera un referéndum por la independencia. Ante la evidente falta de votos para conseguir el cambio social que la gente necesitaba, Pablo Iglesias defendió que en vez de contar con Ciudadanos, que mitigaba los temores de la población más conservadora, proponía apoyarse en el voto de los independentistas catalanes. Para los nacionalistas de izquierda, se nos hacía difícil entender como desde una postura de izquierda como teóricamente era la de ERC, se diera primacía en el tiempo al referéndum por la independencia de Cataluña frente a las urgentes necesidades de la población más empobrecida de toda España, cuando mientras se aplicaban los cambios sociales que demandaba la población podían negociarse las diferentes formas de hacer el referéndum, dejando para más adelante su celebración sin problemas graves para Cataluña. La derecha catalana abrumada por la corrupción de los Pujol y familia, quería tapar todo aquello con el referéndum y ERC se hacía el Cálculo Político, otra vez, de que en ese proceso podría conseguir su “sorpasso” particular y volverse la fuerza hegemónica en Cataluña. Esta decisión de Pablo Iglesias de someterse al deseo de los independentistas catalanes por encima de las necesidades de los más empobrecidos por la crisis en toda España, no solo no ha roto el PSOE, sino que ha provocado la disensión dentro de Podemos. Carolina Bescansa ha sido bien clara: no podemos escuchar más a los independentistas que al resto de la población…, y lo que es más grave, Podemos está perdiendo el apoyo que tenía en otras comunidades.

 

El caso Lincoln

Viene a cuento aquí recordar a Lincoln en su lucha por abolir la esclavitud en Estados Unidos. Cuando hace unos años Steven Spielberg hizo una película centrada precisamente en este periodo histórico, surgió un gran debate en torno a la figura de Lincoln al que muchos acusaron de no ser nada claro en el tema de la esclavitud, ya que después de la guerra siguió existiendo en muchos estados de la Unión. Efectivamente fue así. Lo que muchos aprendieron entonces, es que Lincoln para poder abolir la esclavitud, tuvo que dividir a sus defensores entre aquellos que sustentaban su sistema económico en la aplicación masiva de la esclavitud, el sur, y los que podían ir prescindiendo de ella en el futuro. Y así fue, tras la guerra de secesión la esclavitud fue abolida SÓLO en los estados del sur, mientras se mantuvo en algunos estados del norte donde poco a poco fue desapareciendo. Estos estados vendrían a ser en nuestra situación política lo que ahora es Ciudadanos, el elemento necesario con el que echar al PP del poder y dar los primeros pasos de las reformas hasta conseguir la mayoría social y política para los cambios que queremos hacer y que ahora no tenemos. Y éste es el gran error de la izquierda, demonizar a Ciudadanos de tal manera que sólo deja como única posibilidad para el cambio una victoria aplastante de la izquierda en las urnas que de momento no se atisba en el horizonte. Deberíamos aprender de Lincoln y valernos durante el inicio del camino de aquellas fuerzas conservadoras que también desean un cambio de la situación actual, aunque no estén de acuerdo con nosotros en el objetivo final.

 

Ética y cálculo político

En resumen, por el cálculo político de ERC y de Podemos, los ciudadanos más empobrecidos por la crisis han perdido una oportunidad histórica de resolver sus necesidades éticamente justas y el resto de la población hemos perdido, quien sabe durante cuánto tiempo, la oportunidad de haber reformado democráticamente el estado surgido de la Transición para haberlo hecho verdaderamente democrático y social.