Un nuevo frente democrático para cambiar las estructuras del Estado

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  Pedro I. Altamirano @altamiranoMLG

 

No creo que sea ningún atrevido, o incite al odio, ni desleal con ninguna Ley, cuando opino que, el actual modelo de Estado español basado en la Constitución del 78, está en plena agonía y, por tanto, ha llegado el momento de las reformas.

La sociedad española de 2018 en nada se parece a la sociedad española que votó en 1978, en una época confusa, aún bajo la sombra del franquismo y de un ejército que, de español tenía poco y de golpista mucho. Pero no voy a entrar en el ambiente, bajo la presión en la que se redactó, acordó y se votó la Constitución. Tampoco entraré en el por qué no se preguntó al pueblo español, si el modelo de Estado debía estar basado en la Monarquía o en la República, ni en muchos otros aspectos como la tremenda barbaridad cometida en desmembrar el Estado en 17 comunidades autónomas, en vez de respetar los territorios históricos sin más.

No voy a entrar en valorar en el por qué se hizo de aquel modo, ya que pienso se hizo lo que se pudo en aquellos momentos, y bajo aquella presión. Había que estar allí en aquellos momentos y en aquellas circunstancias para poder opinar con base suficiente. Por todo ello, no creo que hoy valga la pena en analizar o culpar el cómo y el por qué se redactó la Constitución del 78 tal como la conocemos. Tampoco tengo duda alguna que, muchos de los que la escribieron, lo hicieron con la esperanza de ir adaptándola poco a poco a las verdaderas necesidades del Estado. Cosa que nunca ocurrió y de eso sí, algún día habrá que sacar a la luz a los culpables del inmovilismo constitucional a cambio de llenarse los bolsillos a costa de la falta de democracia y libertades para el pueblo.

Cuarenta años de espera, pero que, sin embargo, sólo han servido para ver cómo dos partidos llegaban al poder bajo palabra de cumplir promesas electorales que nunca cumplían, entre ellas, las tan esperada y nunca cumplidas, reformas encaminadas a la mejora de la calidad democrática. Cuarenta años de falso bipartidismo enmascarado en un solo partido con dos cabezas, a cambio de salvar las espaldas unos a otros ante los insufribles mal gobierno, pobreza, paro, y el sin fin de injusticias que todas y todos hemos sufrido en este injusto modelo de Estado que sufrimos.

Hoy vivimos en otra sociedad. La sociedad de las comunicaciones, de las redes sociales, de la sociedad exigente e inconformista. De la sociedad a la que ya no se le engaña de forma tan fácil. Hoy formamos parte de una sociedad de la que los viejos gobernantes del bipartidismo no conocen, no tienen ni idea del cómo es, qué necesita, ni cómo funciona, ya que siguen viviendo en sus torres de cristal de espaldas a la sociedad a la que se debe. Hoy vivimos en una sociedad que ha dicho ¡Basta! y aún no se han enterado.

Ante este desastre apareció un nuevo bipartidismo más sutil, más disfrazado, que, aunque en un principio parecían traer aire fresco, momento este de recomendar la lectura de “Rebelión en la Granja” de George Orwell, para entender que, en el mismo momento de llegar al poder, se unieron al cuerpo principal que pasó, de tener dos cabezas, a cuatro, para que nada cambie, pues a la vista está que nada ha cambiado, ni tiene visos de cambiar.

Los cambios nunca llegan desde dentro, desde el poder establecido. ¡Horror! ¡Que acabo de escribir? parezco un antisistema o algo peor… Es una verdad incuestionable en la que los ciudadanos viven atrapados de las nuevas telas de araña que tejen los medios de comunicación mercenarios al servicio del dinero que les llueve de poder, al que debieran controlar en vez de proteger. Esas redes que han conseguido tener a la gran mayoría de la ciudadanía, enganchada de un Matrix cruel que los hace parecer vivir en el paraíso, cuando en realidad, vivimos en un verdadero infierno en la Europa del bienestar. Es esa tela de araña matricial el origen del voto popular al cuerpo de cuatro cabezas. Recordar, solo a modo de ejercicio histórico que, del mismo modo “democrático” que Adolf Hitler y el Partido Nazi llegó al poder gracias a los votos de la mayoría del pueblo alemán, bajo la “magistral manipulación de la propaganda” de manos del “maestro” Joseph Goebbels, puede hacerlo y mantenerse en el poder cualquier opción política.

En otras épocas más revolucionarias, el problema se solucionaba con el asalto a la bastilla, la revolución de los claveles de Portugal, o la revolución de octubre en Rusia, pero los tiempos y la sociedad han cambiado y, por tanto, los métodos revolucionarios deben ser otros, y esos otros no son más que la consciencia civil y asaltar el poder desde los movimientos civiles con el arma de las urnas en las manos. ¿Pero cómo se hace eso? ¿Cómo despertar de Matrix a todos aquellos/as que prefieren permanecer sumergidos en el sueño de lo imposible, a la realidad de la lucha? ¿Cómo hacer que, aquellos que cobran la paga fácil de la sumisión al poder, deje de hacerlo por el bien del futuro de sus hijos y nietos?

Debemos dejar de confiar en la política actual, en los partidos actuales. No son solución ni lo serán nunca. Es el momento en el que la sociedad civil, esa que es la que vota, deje de votar a los que los mantienen en esta situación, y comiencen a votarse a sí mismos. Coger el poder en sus manos en vez de dejarlo en manos de los demás. Sólo el pueblo salva al pueblo, y hasta que no seamos conscientes de ello, no comenzaremos a caminar por el camino correcto. Pero esto ¿cómo se hace? De un modo muy fácil: compromiso y participación ciudadana.

Es por ello que los colectivos y agentes sociales deben coger, están cogiendo ya, las riendas de sus destinos, asumiendo la responsabilidad que tienen como sociedad civil, que no es otra que poner al Estado al servicio de la ciudadanía, y no ésta al servicio del Estado. Es este el camino, la organización ciudadana, para que, con la fuerza de los votos, las leyes que en la actualidad rigen el Estado y con la injusta e insolidaria ley electoral vigente, llegue al poder, de forma directa y sin intermediarios políticos, al mismo corazón del Poder Legislativo y Ejecutivo para comenzar las urgentes reformas democráticas, políticas, constitucionales y jurídicas necesarias para hacer del actual Estado español, el Estado democrático que merece y exige la sociedad de hoy.

Una de las reformas más urgentes que necesita el actual Estado es reconocer de forma clara, las distintas naciones que la componen y, por tanto, desde el derecho a la autodeterminación de todas y cada una de ellas, construir un modelo de convivencia confederal respetuoso con la diversidad de sus pueblos. Esto que es, debiera ser más que evidente para cualquier demócrata, es en estos momentos, y a la vista está, el principal y más serio problema para la democrática convivencia de los ciudadanos. Problema que, lejos de solucionarse desde el poder, se complica día a día por el desmesurado uso de las medidas de represión, recortes a la libertad de expresión y opinión, al margen de la penosa impresión que llega a la ciudadanía de un Poder Judicial al servicio del Poder Ejecutivo, que, aunque no dudo de la separación de poderes, debo reconocer que, en estos momentos, parece todo lo contrario.

Por tanto, creo que ha llegado el momento de la unidad de los demócratas de todas las naciones que componemos el Estado, para de forma conjunta podamos conseguir cambiar la realidad. Es más que evidente que, desde la lucha por separado es, será imposible alcanzar el poder para cambiar las cosas. El ejemplo de la valiente, épica lucha del pueblo de Catalunya, o el que comienza a surgir en Andalucía, o el callado pero activo pueblo canario, vasco, gallego e incluso el propio pueblo castellano, son la evidencia que solos no podremos cambiar nada. Solo recibimos represión e investigaciones judiciales por acciones demócratas y pacíficas.

Una unidad de los ciudadanos/as, un frente democrático de todos los territorios en torno a la idea de las reformas, es la única solución para alcanzar poder y llevarlo a término. Por ello los colectivos y agentes sociales de las distintas naciones del Estado debieran comenzar a “aparcar” la lucha individual, por la lucha colectiva. Demócratas juntos por las reformas. Juntos por nuestros pueblos, la convivencia, libertades y la democracia. Juntos, sí así lo decidimos por nuestras republicas, por nuestros Estados. Pero para ello lo primero es cambiar las leyes, la estructura, para hacer posibles los cambios necesarios para que, desde la democracia, desde la Ley, sea posible hacer realidad el sueño democrático del derecho a decidir de los pueblos, a ser lo que quieran ser, en libertad y paz.