INSUPERABLE OFERTA

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¿Qué significado tendrá la frase “totalmente amueblado”? No es artículo determinado, pues no hay artículo. El objeto, ni se sabe. Claro, que más indeterminada es la definición “apartamento de diseño” ¿qué diseño?

No cuela. Los subterfugios con pretensión creativa no bastan, cuando lo que sobra es precio. (“No tenga prisa, ni se acaban ni suben”. El titular es de una prestigiosa publicación inmobiliaria profesional y, como no podía ser de otra forma, se refiere a la vivienda).

Cuando la subida ha superado hasta treinta y cuarenta veces el valor real (actual) del inmueble, resulta cómico leer “oportunidades” con “hasta el 15 y el 20% de descuento”.

Pero no se rinden. Como si la crisis –muy agravada por el comportamiento inmobiliario- sólo debieran sufrirla los demás, los propietarios se resisten. Quienes creyeron poder enriquecerse revendiendo pisos no se resignan, mientras promotores y constructores siguen exigiendo facilidades y dinero para continuar construyendo en una ciudad –Sevilla- y su entorno, con más de ciento veinte mil viviendas vacías.

Pero para algo está la “vista”, que a “listos” no hay quien nos gane. La solución es el alquiler. “Como la gente no puede comprar, por fuerza tienen que alquilar”. La frase, de un avispado propietario, superaba la constatación de un hecho para vaciarse en su propio y único interés: ignoraba que, quien pueda desembolsar un sueldo en alquiler, no precisa alquilar, porque no verá embargada su vivienda. Placer especulativo por ambición o en pretendida salida a una situación económica casi siempre superada por aquellos de quienes se quiere extraer la solución. La ambición puede ser legítima (en realidad, no toda); y toda necesidad respetable. Pero buscar la propia solución a costa de quien, seguramente, cuenta con menos ingresos, es pura extravagancia. Como mínimo.

La Ley del suelo encareció la vivienda al favorecer la especulación y unos comportamientos municipales paulatina, lenta y lamentablemente vistos en los juzgados. Resolvió el problema de los alquileres antiguos, pero hizo trashumante al arrendatario.

El legislador erró lamentablemente, o no supo, o no quiso ver las consecuencias: la Ley creó un negocio sin esfuerzo. Y el paso al euro lo dislocó. Hasta hace poco, por debajo de quince o veinte viviendas, el alquiler podía ser ayuda, jamás pleno negocio. Hasta ahora. En el único país dónde –al parecer- nadie o casi nadie quiere vivir de alquiler, el alquiler desarma al inquilino y lo deja sin medio de subsistencia; sobrada razón para que nadie quiera -y casi nadie pueda- vivir de alquiler. Por el contrario, vivir de la posesión de una vivienda puede resultar muy rentable para el propietario, pero imposible para el arrendatario. La ambición puede ser legítima, pero quien vive de un sueldo no puede destinarlo casi íntegramente a pagar la vivienda. No es cuestión de “ver desde uno ú otro punto de vista”. Los miles de pisos vacíos durante años, no sirven ni al negocio ni al derecho a la vivienda.

Algo debería hacer la Administración, en cumplimiento de un elemental precepto constitucional.